El fundador de este sitio –es decir, yo– lleva muchos años estudiando idiomas, en particular inglés. Es una de las habilidades más útiles que he conseguido adquirir y, a la vez, una de las más difíciles. Por suerte me encontré con una profesora excelente, a la que debo buena parte de mis avances.
Ella sostenía que no se puede aprender un idioma sin cierta cantidad de práctica: hay que leer y escuchar mucho y encontrar las mismas construcciones una y otra vez en contextos distintos. Uno de los mejores modos de crear esa práctica, decía, era trabajar con textos. El método ayudaba de verdad, aunque llamarlo agradable sería mucho decir.
Buscábamos ensayos, fragmentos de libros y monólogos, y luego los desmenuzábamos juntos: encontrar las palabras desconocidas, precisar los significados, añadir vocabulario nuevo, y después yo me aprendía esos textos de memoria. Las palabras entraban en mi diccionario no porque hubiera decidido aprender veinte nuevas, sino porque las había encontrado en lengua viva.
Justo por eso decidí que los packs de mi sitio llevaran textos siempre que fuera posible. Permiten ver el vocabulario nuevo en su contexto, en lugar de recorrer una lista de palabras sueltas.
Con el tiempo noté otro problema: incluso las palabras bien aprendidas se van borrando. No se puede volver constantemente a todo lo visto: hay que avanzar, leer material nuevo y abordar los siguientes temas.
Empecé a buscar una herramienta que me ayudara a conservar el vocabulario y a volver a él sin trabajo manual de más. En ninguna aplicación encontré todo lo que necesitaba. Así que creé Keep Your Words, un sitio que se convirtió en parte de mi propio estudio y que me ayuda a desarrollar el idioma con método. Se integró en mi práctica diaria y ya es inseparable de ella.
Espero que KYW le ayude también a usted a conservar las palabras que encuentra mientras aprende un idioma.